El 2012.
Ya ha llegado.
Eso quiere decir, entre otras cosas, que el fatídico 2011 ha terminado. Se ha ido como llegó, cuando le tocaba. Eso sí que lo ha cumplido. El resto de cosas que prometía cuando estaba en pañales, por supuesto no.
Y yo donde estoy? Cómo estoy? Pues los lectores de este blog sabrán que no ha sido mi mejor año, sin duda. Pero no me he puesto delante del ordenador hoy para hacer balance de nuevo. Tampoco, aunque parezca increíble, para seguir retozando en mi cochiquera.
Quiero probar cosas.
En fin de año, intenté enviar a mis contactos de watsapp un mensaje personalizado. La verdad es que invertí casi 2 horas pero creo que valió la pena. Yo me sentí bien haciéndolo. Y hubo gente a la que sentí agradecida en su respuesta, valorando el tiempo dedicado y sobre todo, valorando el comentario sincero. Lógicamente, hubo gente que ni contestó, es normal, pero de esos también saco cosas positivas.
Este año pasado he estado en el pozo. El pozo. Un pozo que para algunos parece que aunque solo le falte 20 centímetros de agua para salirse sea profundísimo. Hay quien ha estado en el pozo por suspender un examen. Y lo entiendo. Me ha costado entenderlo, pero lo entiendo.
No puedo compararme con alguien sin más responsabilidad que estudiar, porque yo, lamentablemente, no estoy ya en esa etapa. Sin duda suspender un examen puede ser catastrófico, claro que si. Pero a lo que voy es al grado de tolerancia que tengo hacia los demás. Y el que tienen los demás conmigo. La verdad es que mal voy si pretendo que gente cuyo pozo está en el suspender un examen pueda entender un poco el día a día de mi vida. Mal voy si alguien que dice ser mi amigo, y sabedor de mis circunstancias, decide no hablarme desde hace más de un mes. Y mal voy cuando eso me afecta tanto. Por eso creo que he de distanciarme. Sin malos rollos, simplemente no puedo centrarme exclusivamente en unos amigos cuyas vidas están tan alejadas de la mía. No me beneficia en nada. Quiero que formen parte de mi vida, claro que sí, pero no puedo esperar tanto de ellos. No es justo ni para mí, ni por supuesto para ellos.
Espero no haber divagado, pero estos dos últimos párrafos también forman parte del complejo entramado de pequeños nudos que he intentado ir deshaciendo para poder verme a mí mismo con la perspectiva necesaria para tomar las pequeñas decisiones que necesito para seguir.
Volviendo a fin de año, muchas de las respuestas que recibí a mi envío masivo personalizado de felicitaciones con mensaje, se referían a algo que, aunque no dejaba de ser un tópico, parece que dieron en el clavo.
Me refiero a varios mensajes casi repetidos, en los que me animaban, y daban por seguro, a que sería capaz de cumplir aquello que me propusiera.
Joder.
Parece un topicazo, no?
Pues así lo entendí cuando lo leí. La verdad es que hasta hace un par de días, en estos momentos de soledad e introspección que tengo en mi nueva vivienda temporal (no sabes lo que te lo agradezco, tío) en Lloret, no me di cuenta de donde radicaba el problema.
Pero ahora creo que lo tengo claro.
Vamos, estoy bastante seguro.
El problema radica en que no me propongo nada. No puedo recordar desde cuando hace que no tengo ni un proyecto. Parece que me empuja la inercia, y eso no es bueno. No es bueno porque cuando la marea es baja, me quedo varado. Completamente quieto. Y entonces es cuando me desubico por completo.
Cambié de trabajo y volví a cambiar, como empujado por una búsqueda infructuosa de la tranquilidad. Cuando cambié la primera vez, me movía la ambición, cuando volví, lo hizo la seguridad. Pero creo que las dos decisiones fueron erróneas, tanto la primera como la segunda. Por eso creo que ahora que estoy donde quiero estar, tengo que aplicar la actitud necesaria. Precisamente en el trabajo he dicho mucho la palabra “REFUNDACIÓN”, refiriéndome a un sistema nuevo interno de tarificación y tal, pero como ningún jorobado se ve su chepa, ni siquiera se me ha pasado por la cabeza aplicarme el cuento. Soy un soberbio de cojones.
No hago ejercicio. No voy al gimnasio. No salgo a tomar nada. No lucho. No me merece nada la pena. Lo poco que hago creo que no me llena lo suficiente. Al primer contratiempo lo dejo. Joder, pero si ni siquiera me he cortado el pelo en 3 meses. No veo el momento de hablar con mi mujer para tomar las decisiones correctas y definitorias.
Joder, es que no me apetece nada.
La pereza y el hastío me han vencido en este 2011.
Y eso es lo que quiero probar.
Quiero probar a ser un tío con empuje. No dejarme vencer por las pequeñas cosas. Creer que puedo hacer lo que sea, pero joder, hacerlo. Quiero ponerme objetivos y alcanzarlos. Quiero ser autónomo y adaptarme a lo que tengo. No quiero poner excusas. Quiero ser capaz de ver lo bueno que me rodea, y de ver lo bueno que hay en mi. Quiero ser capaz de decir que sí. Sí a lo que me propongan. Dejarme de analizar los planes desde el punto de vista altivo y patético con el que lo hacía ahora. Por qué es mejor que no? Porque he hecho un análisis de mierda.
Pero necesito algo de ayuda. A día de hoy, en solitario no puedo. Creerme, no voy a dejar de intentarlo cada puñetero día, pero necesito un pepito grillo.
Hoy oía en la radio que la auto voluntad es complicada, pero necesaria, y además es básica para cumplir los objetivos que nos proponemos. Y que el achacar el no cumplimiento de eso a factores externos, al entorno, o a cualquier otra cosa son excusas. Parcialmente de acuerdo.
Mi teoría es que cuando eres capaz de darte cuenta que la auto voluntad no es el mayor de tus virtudes, pedir ayuda es la única respuesta. No achacar después de no cumplir el objetivo la culpa a nada ni a nadie, sino ponerte la tirita antes de la herida y pedir ayuda para que se cumplan esos objetivos.
Necesito ayuda. Quiero a gente pesada a mi alrededor, que me diga lo que hago mal, que me oriente, que esté por mi. No quiero ser el centro de atención. Quiero que los que estéis ahí y sintáis algo por mi me ayudéis como sea.
A cambio os daré a mi mejor yo, al de antes, al que cada uno de vosotros valore más. Al que más queráis. Incluso aquellos que al que mas valoren sea el que esté lejos, también a ellos les pido ayuda.
Un día, no hace mucho, hablé con un amigo acerca de la resignación como primer paso hacia la felicidad. Pues bien, amigo, creo que me equivoqué. Al menos ahora quiero descubrir si hay otro método.
Y a ello que voy.
Habrá obstáculos pero los saltaré.
Venís conmigo?
Os espero.
te quiero
ResponderEliminarHola Carlos me he quedado un poco sorprendida porque no sabia nada de ti desde la muerte de mi hermano, tu padre, y la verdad que me e emocionado
ResponderEliminarTu sabes que yo te quiero si me necesitas ya sabes donde me puedes encontrar
Deseo que esto solo fuera un tropiezo de los que nos pone la vida
Llamame me gustaría estar en contacto contigo
Un abrazo
Hola soy Elio de Ecuador me encanta tu blog como me contacto contigo
ResponderEliminar