Después de ir a una visita al otorrino (en la revisión médica del trabajo me habían detectado que igual estaba sordo, aunque ha sido una falsa alarma finalmente), y con poco tiempo hasta la primera visita de la tarde, he decidido, fiel a mi costumbre de comer sano (detéctese la fina ironía), ir al McDonalds de Ripollet a disfrutar de un refrigerio basado en la dieta mediterránea (ja, ja, ja).
Los que me conocen sabran que me gusta comer tranquilo. Creo que es un momento de relajación que aprovecho en la mayoría de los casos para hojear un periódico, conectarme a internet para estar al día de la actualidad, o desconectar pensando en mis cosas, haciendo un poco de introspección.
La búsqueda de algún diario con el que saciar mi ansia (soy un yonki de la actualidad) ha dado con mi cuerpo sentado en la parte de arriba de dicho restaurante, cerca de la zona infantil. Sé que me he expuesto voluntariamente a encontrar justamente lo que no deseaba, que era ruido, pero lo he asumido sin problemas, quizá porque soy capaz de evadirme de el murmullo de los bares o quizá lo que me pasa es que mi otorrino se equivoca y estoy mas sordo de lo que cree.
Pero la situación que he vivido ha sido algo inenarrable. Una familia, padre, madre, bebé, y dos escuerzos de niños de aproximadamente 5 años humanos (no se cuantos años en su especie) comiendo un par de mesas a mi derecha. El padre, amante de la dieta mediterránea igual que yo, devorando Bigmacs. La madre, intentando hacer comer al bebé algo pastoso con un color megadeseable. Y los niños revoloteando a su alrededor.
En esto que uno de ellos entra en brote, y empieza a llamar "iyota" a su hermano. A grito pelao. Como si le fuera la vida en ello. He contado que se lo ha llamado unas 26 veces. Los padres, impertérritos. Como si nada. Totalmente ajenos a lo que estaba pasando. Mi cara de perplejidad ha debido atraer a uno de los dos seres, concretamente al "iyota" según su hermano. Se me ha acercado, con un tropezón de pan enganchado con ketchup al moflete izquierdo de su cara, y me ha cogido un sobre de ketchup de la bandeja por la cara.
Estupefacto ante este hurto, he desistido de ir a los Mossos a denunciar porque a los dos minutos se han ido, dejando todos los restos en las bandejas, claro.
En cuanto se ha levantado el estado de sitio, y yo he podido volver a leer mi periódico, rápidamente he pensado en escribir este blog denunciando la pasividad de esos padres. No es de recibo que esta sea la educación que se les esté dando a los niños. Sé que generalizo y que la generalización lleva intrínseca la injusticia, pero no puedo evitar pensar que esos niños que son capaces de gritar sin freno, y de robarme un sobre de ketchup, estén creciendo en un mundo en el que vale todo, y no sé donde les conducirá esta educación.
Pero mira por donde que mientras me dirigía al coche intentando buscar una explicación, pensando en valores y no se que otras perogrulladas y me hacía un esquema mental de este escrito, lo he entendido todo.
He llegado al coche, aparcado en el mismo parking del restaurante y justo enfrente del monovolumen de la familia de los decibelios. Estaban dentro todos menos la madre , ya que ésta había ido a comprar agua al Supermercado de al lado. Yo he aprovechado para hacer una llamada mientras me bajaba la comida, y entonces ha llegado ella del supermercado.
Lo he visto todo en primera fila. La sucesión de los hechos ha sido esta. Ella se ha montado. Ha pasado la botella de agua a los energúmenos del asiento trasero. Se ha puesto el cinturón. El devorabigmacs ha encendido el coche y sin mirar, ha puesto primera. Una pobre chica, que había salido de su plaza 3o segundos antes pasaba por delante con su clío, y ha sucedido lo inevitable. Catapun.
Lo que no me esperaba era lo siguiente. Ha salido el devorabigmacs como un loco a cagarse en todo. La pobre chica, a todas luces inocente, acojonada. La madre, ha bajado dando un portazo que no se si ha podido abrir de nuevo el coche. He oído insultos vejatorios, tremendos. Los niños han aprovechado para ponerse en los asientos de delante y han tocado el claxon un par de veces. Dantesco.
La pobre chica lloraba desconsoladamente, y solo acertaba pedir perdon (aún no se por qué) y pedir que se llamara a la policía local, a lo que la pareja se negaba en rotundo.
Rápido han llegado al escenario dos chicos, que estaban hablando apoyados en el coche de al lado mío, que se han puesto de lado de la chica, por lo que me he dado cuenta que mi presencia ya era innecesaria. Ellos lo habían visto todo igual que yo, que aún seguía hablando con mi cliente por teléfono. Al minuto aparecía la local y no se como ha terminado, pero está claro quién tiene la culpa aquí
La educación como algo inusual titulo este post. Está claro que con unos padres así los hijos solo pueden salir de una manera. Ahora lo entiendo todo. Cuantas familias como esta habrán? Yo creo que muchas. Así nos va a ir el pelo.


