Fui estudiante de los Maristas desde el 83 hasta el 91. A.B. fue mi tutor en 7º, además de profesor de Castellano. De hecho, un muy buen profesor de castellano y literatura. Fomentaba el esfuerzo y la competitividad sana entre los compañeros de clase, con, por ejemplo, exámenes grupales de cinco rondas en los que dábamos lo mejor de nosotros.
Recuerdo que fue el primer profesor que supo transmitirme el valor de la lectura, y fue con él, la primera vez que me enfrenté a un papel de teatro, en aquél teatro leído en clase que él fomentaba, instruyéndonos en los clásicos de las generaciones del 98 y del 27.
En resumen, para mí fue un buen profesor. Me gustaría poner esto en valor, porque no sería justo que el buen Plan Educativo de los Maristes la Immaculada en esa época se confundiera con este tipo de actos, despreciables sí, pero que no obedecían a ninguna consigna por parte del centro, sólo faltaría.
No dudo ni un ápice de ningún testimonio de los que han aparecido, aunque afortunadamente no sufrí jamas nada similar. Eso sí, flotaba en el ambiente una sensación de que este tipo de actos pasaban. Se comentaba en el comedor, en los patios, pero muy de soslayo. Alguien conocía a alguien que que sufría esto y hablaba del tema, veladamente, a escondidas, como un secreto, con los ojos cerrados, quitando hierro muchas veces (posiblemente por vergüenza), susurrando, pidiendo casi perdón...
La época era distinta. Puedo intentar comprender, desde la perspectiva y tratando de ponerme en ese contexto, que la mayoría de implicados en estos casos miraran para otro lado. El entorno era hostil para los niños de los 80. los padres otorgaban. No podemos olvidar que estos casos los estamos juzgando hoy, en esta sociedad que es más libre y tiene más conocimiento del entorno que la de hace 30 años. En esta sociedad en la que los valores son otros, donde todo está sujeto a opinión, donde el sistema educativo se traslada de casa a la escuela y viceversa casi sin diferencias, esto que pasó no tiene cabida. Afortunadamente.
Y los Maristas no pueden reaccionar como si estuvieran en esa época. Tienen que afrontar esto como una lacra, que puede tirar por tierra todo lo bueno que han dado a la sociedad, formando generaciones preparadas. Tienen que reconocer que esas miradas para otro lado, esos miedos, esas huidas hacia delante, no se gestionaron bien. Y ahora es el momento de hacerlo, ahora que la sociedad está preparada para tirar de la manta, que está preparada para hablar de esto y poder enterrarlo para siempre, que está capacitada para entender que un hombre no puede manchar una institución.
Dicho esto, me dirijo a tí, A.B. Espero que respondas por tus actos. Que te enfrentes a los que has hecho daño con la valentía que dando clase nos inculcabas. Que no mientas. Que hables. Que te olvides del corporativismo. Ahora no hace falta. Ahora hace falta que digas la verdad, A.B. Que no dejes mal a las víctimas. Que asumiendo los hechos les devuelvas el respeto y la autoestima que les robaste. Tú, y todos los que hicieron lo que hiciste tú.
Citando a Rafael Alberti, del que seguro tengo en mente por alguna de tus clases...."Yo nunca seré de piedra, lloraré cuando haga falta, gritaré cuando haga falta, reiré cuando haga falta, cantaré cuando haga falta”. Ahora di la verdad, A.B. Hace falta.


